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Recuerdo y homenage al Sr. Joaquim Pla i Dalmau
por Ramon Muntada i Artiles
El pasado día ocho de diciembre moría el señor Joaquín Pla y Dalmau a la edad de ochenta ocho años. La Junta de Cofradías lamenta el traspaso de una persona tanto significada e implicada en el costumbrismo gerundense. Su aportación también se manifestó en las tradiciones en la Semana Santa gerundense. Pla fue el principal ideólogo, creador y dinamizador de la procesión tal y como hoy la conocemos. Su aprecio e implicación a nuestra procesión, se explica por sus creencias religiosas, y en buena medida por ’l impacto que con diecinueve años de edad le supuso la calamitosa Guerra Civil. En una entrevista hecha el pasado 1 de mayo de 2003, el Sr. Pla nos decía que: “La guerra civil acabó con todas las tradiciones que había a Girona. Durante la guerra se van echar a perder todos los elementos de la procesión: misterios, armados, pasos, crees... Acabada la contienda se quiso rehacer la tradición de un pueblo limpiamente cristiano como el gerundense. Las entidades que ya existían antes de la guerra, sobrevivieron a duras penas y pasaron al frente. Aunque espiritualmente se fue rehaciendo el culto y devoción de la Semana Santa, se palpaba la necesidad de sacar la religiosidad a la calle por recordar el que se conmemoraba por entonces y por estimular la curiosidad de otra gente, que quizás no se había formado en aquellas prácticas.”
La vivencia de las antiguas procesiones de Semana Santa fue muy atada a la primera adolescencia de Joaquín Pla. Según él: “antes de la guerra, en la procesión de Jueves Santo los armados traían la capa roja y acompañaban la cofradía de la Purísima Sangre, y en la procesión del Viernes Santo llevaban la capa azul mientras acompañaban la cofradía de la Pasión y Muerte. Eran las mismas personas de San Daniel y se vestían de acuerdo con el color de la ropa que llevaba la cofradía que salía a la procesión. Aun cuando la congregación de los Dolores no salía en procesión tenía muchos congregantes y mucha proyección ciudadana”. El señor Pla conocía muy bien los antiguos pasos de Semana Santa que durante el año se guardaban desmontados en una sala de la Cofradía de la Purísima Sangre en la iglesia del Carme. Él, que realizó muchos grabados, recordaba que: “aquellas figuras se vestían con ropa y se montaban en la estrecha calle de San Martí que daba a la iglesia del Carme. Los personajes hacían cierto pavor y se caracterizaban de una manera exagerada, de tal manera que se veía claro qué eran los bonos y qué los malos. Eran muy primitivos, pero muy auténticos”.
Acabada la guerra, tras mucho tiempo sin salir la procesión de Semana Santa a la calle, el Sr. Obispo Dr. Cartañà, hizo unificar las dos procesiones en una de suela. El año 1939: “la Semana Santa vino justo cuando en Girona se acabó la guerra. No había tiempo de hacer nada. Sin embargo aquel año se hizo una procesión. Todo el mundo tuvo interés que aquello tuviera cierta consistencia de caras al futuro. Quienes pasaron delante, serían las cofradías de la Purísima Sangre y la de la Pasión y Muerte que, como más antiguas, junto con la congregación de los Dolores, se nutrieron de nueces adeptas. La gente joven que se integró, los interesaba superar la situación y pasar página a diferencias que había habido”. Según Pla: “el nacimiento de los armados se debe de mucho ’a l estímulo y ayuda del Dr. Gironella que era el rector de la.
Parroquia del Carme y conciliario de la cofradía de la Purísima Sangre”, cofradía de la cual dependían los jóvenes armados. Consiguientemente, el primero càstrum se encontraba en los locales de esta cofradía. “Por recuperar los pasos y la música de los antiguos armados fue necesario consultar al Sr. Medio que vivía a la calle de las Ballesteries. Él enseñó a los manías de nueva fuerza como hacía falta marcar el paso, hacer la estrella, tal y como se vendía haciendo”. Así pues, el Sr. Pla fue uno de los veinticinco fundadores que a partir de 1940 se implicarían y sumarían esfuerzos en el proyecto de recuperar los armados de Girona. Los armados hicieran su primera aparición el año 1940 ataviados con una indumentaria pésima puesto que las túnicas de los armados de antes de la guerra habían desaparecido. Por salir a la calle: “alquilamos unos “trajes” a un guardarropa de Barcelona que eran infames porque no hubo tiempos ni dinero por hacer equipo propio. Salimos veintisiete armados que sorprendieron la gente puesto que nadie contaba con nuestra presencia. Aquello fue un primer intento de pasar raya algo de todo el que había pasado. No se miraba el carné de cada uno, los armados, acogían gente sobre todo joven de toda procedencia”.
El año 1941, con la experiencia de la primera salida y con la ayuda de la Cofradía de la Purísima Sangre, el manípul fue creciente. Entonces el ímpetu y la energía de los jóvenes armados topaban con la cofradía que los acogía, de forma que los armados se sentían sujetos a un grupo de gente grande que los limitaba a sus proyectos. Sin embargo, se confeccionaron nuevas túnicas y corazas bajo la supervisión de Josep Maria Solà y Joaquim Pla y contando con la dirección del arqueólogo y historiador Dr. Lluís Pericot. El Sr. Pla recuerda que: “diseñaron la vestimenta que con el tiempo se iría renovando y haciéndola algo más noble. Al principio las corazas eran de lata pintada y otras latón muy bruñido”. Con los años, los armados aumentaron en número, fueron una buena pandilla.
La cada vez más tensa situación entre los cofrades hizo que el día nueve de septiembre del año 1942 se eligiera al Sr. Joaquim Pla y Dalmau como primer presidente de los armados. A partir de aquel momento y con el consentimiento episcopal, los armados se independizarían de la Cofradía de la Purísima Sangre e iniciaran una singladura propia. Todo y constituirse en Pía Unión, mantuvieron el castrum en la iglesia del Carme hasta el año 1949 en el qué provisionalmente estuvieron a la casa Sambola de a pie de la Fuerza, propiedad del Sr. Pla por establecerse aquel mismo 1949 a los bajos de la catedral ”. Nada de todo esto hubiera sido posible sin la comprensión y ayuda Dr. Cartañà. Según Pla: “El Dr. Cartañà fue un prelado que vio las manifestaciones de religiosidad popular con mucha simpatía. Él vendía de Tarragona, allí la Semana Santa siempre se vivía con mucha intensidad y contaban por hacerla más lucida con unos armados. Él era un gran obispo, una persona excelente que ayudó muy y comprendió que los armados de reciente creación no nos quisiéramos someter a una cofradía ya existente y que quisiéramos tener personalidad propia. El Sr. Obispo, que era una persona renovadora, dotó a los armados de estructura: primero como pía unión, y visto que dio buenos resultados y que todo iba bien se convirtió en cofradía y radicó canónicamente a l ’altar de la gregoriana a la Catedral”.
Tanto la unificación de las procesiones como la proliferación de nuevas cofradías comportó la necesidad de una unión superior que coordinara la procesión del Santo Enterramiento. Esta sería la Junta de Cofradías (1945). El señor Joaquim Pla junto con el Sr. Pere Gibert, serían los primeros vocales de la Junta de Cofradías en representación de los armados. Debido al éxito adquirido, los armados consiguieron un tercer vocal en la persona del centurión Sr. Vicenç Nogué. En la Junta de Cofradías, todo y la diferencia de edad entre los representantes de los armados y el resto de cofradías representadas, había muy buen ambiente.
Los armados no sólo salían a la procesión, sino que colaboraron mucho en los encargos y tareas que se les encomendaba. Entre los años 40 y 50: “participaremos en el rezo del Vía Crucis por el camino de las Cruces, y para llevarlo a término se utilizo la imagen del Santo Cristo de la Catedral”. Durante varios años los armados hicieron acto de presencia con una decúria al pregón de Semana Santa por guardar los honores de la gente que sentaba a la tribuna. El Sr. Pla recuerda que: “la formación estaba derecha mucha rato y que se dio más de un desmayo, de aquí que lo suprimieron”. También el año 1955, el ayuntamiento de la época encargó a la cofradía la organización y ejecución de la cabalgata de reyes el día 5 de enero de 1956. De aquí que el Sr. Pla ideara la indumentaria y que este año se cumpla el 50 aniversario de la primera salida. Entre los años cuarenta y sesenta, Joaquim Pla no sólo colabora con los armados sino también que lo hizo atendiendo a las necesidades de la Junta de Cofradías y ayudó las que nacían. Pla respondió a todas las demandas y encargos de colaboración con mucho entusiasmo. Confeccionó y diseñó muchos elementos propios de la procesión que todavía perduran, grabó imágenes en programas de los armados y de la Junta de Cofradías, dibujó varios años carteles de la Semana Santa, compuso la marcha de honores de los armados, confeccionó numerosos pendones, vestes de cofradías como la de Jesús Crucificado, Santo Sepulcro, Jesús y los niños. Además, diseñó junto con Ramon Boix, hasta el detalle y sin mirar gastos, el uniforme de la guardia del Santo Sepulcro. El Sr. Pla también colaboro en la confección del vestuario y decorado de la obra “la Pasión ” escrita por Josep Maria Capilla y Narciso-Jordi Aragón...
La implicación del Sr. Joaquim Pla y Dalmau fue suficiente motivo por nombrarlo pendonista de la cofradía de Jesús crucificado del año 1962 como muestra de agradecimiento. Aun cuando el Sr. Pla dejó la presidencia de los armados el 6 de diciembre de 1964, continuó siempre vinculado a la entidad hasta el punto que el año 1974 entró en el Senado de los armados. Sin embargo, a finales de los años setenta el Sr. Joaquim Pla seguía la vida de la cofradía des de una segunda ringlera. En el momento de la entrevista, el Sr. Pla hacía las siguientes reflexiones: “La actual falta de clero, ha ayudado a empobrecer el ritos. Las celebraciones de Semana Santa de los años cincuenta eran diferentes de las actuales. Ahora se va más de derecho a la persona. Con el tiempo, las manifestaciones públicas han cambiado muy. Ahora se atiende más la comunicación directa de la persona con Dios. Hay un aspecto de devoción popular que seria una lástima que se perdiera. Desgraciadamente, la sociedad ha cambiado mucho desde entonces hasta ahora. La Semana Santa se ha convertido en un motivo porque la gente se disperse y no se conmemora lo que s debe conmemorar. Los alejamientos del estamento eclesiástico respeto el sentimiento popular lleva a una mayor folklorización”.
La Junta de Cofradías, todas las que engloba y Girona en general estamos en deuda con el Sr. Joaquim Pla y Dalmau. Con este texto que forma parte de este programa queremos corresponder a la gentileza y generosidad que el Sr. Pla que siempre mostró enverso a ellas durante toda su vida. Gracias a su contagiosa ilusión por recuperar, dinamizar y mejorar las tradiciones de Semana Santa, hoy Girona dispone de una de las procesiones más valoradas de nuestro entorno. Sus realizaciones dotan, todavía ahora, nuestra ciudad de otra épica que se ha manifestado no sólo durante la Semana Santa sino también en otros actos populares gerundenses, como por ejemplo la cabalgata de reyes, la confección de gigantes por los amigos de los gigantes, el diseño del tarlà... La generosa aportación creadora de Pla y Dalmau ha sido significativa y evidente. Ha ayudado a superar el tópico tan tendido de la Girona deprimida, gris, triste y húmeda. Sus dibujos han dotado de color nuestra ciudad que tanto lo necesitaba, haciendo nuestra localidad alegre y atractiva. Sus contribuciones han ayudado a revivir la cultura popular gerundense hasta el punto que con los armados ha dado una rutilancia magnética que la ha transformado en una ciudad viva y llena de luz, rellenada de piedras vivas y de otro color. La fuerza mágica y ilusionada del Sr. Joaquim Pla, lo convierte en un hombretón gerundense que como ciudadano ilustre y reputado, merece ser recordado dando su nombre a alguna calle o plaza pública de nuestra ciudad.
Ramon Montada y Artiles Vocal de la Junta de Cofradías y Director del CESS